-¿Estas aquí? - Morfeo entra levemente en el reducido espacio, sin ventanas pero con luz. Completamente vacío a excepción de mi. Yo le veo desde el rincón. He estado aquí desde casi siempre.
Morfeo se acerca, trae algo en un tazón. -Recuerdos, son frescos- y los estira hacia mi, con inimaginable ternura. -Hoy te vez mejor, y sonríe.
No intentes mentirme, le digo a la vez que tomo el tazón que me alcanza y lo llevo a mi regazo. Comienzo a verlos, huelen tan bien ¿de dónde los ha sacado?
-Extraje sólo los mejores antes de que los tomaran. Se han distraído platicando. No han sido todos, no se darán cuenta.
-Eso es un riego para ti y para mi, por favor no lo hagas. En mi voz existe una fuerza dulce que sé no lo convencerá.
-No puedo evitarlo, estas muriendo. Creen que no pueden matarte, pero lo hacen! ¡lo hacen y tú no te defiendes!
Su voz raya en la desesperación de un loco... me mira con sus ojos negros y profundos, como cenotes abiertos en mi alma, sus pupilas dilatas por falta de luz... le tomo con mis manos su rostro contraído por la angustia y llevo sus labios a mi boca...
[-Señorita... estamos en Universidad. ¿es esta su bolsa?, se le ha resbalado al piso.
-Muchas gracias.
¿Habré dicho algo en voz alta?¿Qué este hombre, no ha salido de mi sueño?
Saltó del asiento, son las 3.30...tardísimo.
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